Las hadas: animales peligrosos
domingo, octubre 25, 2009

Encontre este articulo muy interesante, algunos de nosotros podriamos ser facilmente Hadas o Hados(de existir el masculino).

Lo replico para aquellos que encuentren alguna relacion consigo mismos, o con personas cercanas


Las hadas: animales peligrosos

“Las hadas son muy chiquitas: solo les cabe un sentimiento a la vez”, así el narrador de Peter Pan explica por qué Campanita engañó a los niños de Nunca Jamás para que dispararan a Wendy. Lo que sigue son reflexiones en torno a Wendy, quien acaba de desplomarse sobre el suelo.

En los momentos de maldad de las hadas no hay rincones de ternura, de pena, de empatía, de culpa, desde los cuales la bondad pueda dar su lucha. Es claro que en las hadas los sentimientos se suceden unos a otros sin filtro y de sopetón. Para un hada no hay algo así como comenzar a sentir envidia; para ella esto es lo mismo que estar toda llena de envidia, no tener más que envidia, ser en ese momento pura envidia. No hay manera de que las hadas puedan parar una envidia que se les viene, porque esa envidia ya se les vino y ya las llenó, y, además, porque teniendo solo envidia tampoco tienen, siquiera, de dónde se le pueda ocurrir combatirla. Es pura cuestión de tamaño: solamente un sentimiento a la vez.

Todo lo cual, desde luego, no quiere decir que las hadas no sean conscientes ni que su consciencia sea tan poco duradera como sus sentimientos: las hadas saben muy bien lo que están haciendo en cada momento y recuerdan perfectamente lo que hicieron antes. Aunque sí quiere decir que su memoria es fría. Para ellas recordar —cuando ya no te quieren— que alguna vez te quisieron, no es lo mismo que volverte a querer un poco.

Precisamente a causa de que son conscientes, las hadas son incapaces de sentir culpa. Saben que les era tan inevitable hacerte eso que te hicieron cuando no te querían, como lo es para el lobo con hambre morder. Lo anterior, naturalmente, en modo alguno impide que las hadas sientan pena por tu condición de herido, luego de sentir el odio que las hiciera herirte en primer lugar. El que a las hadas les quepa únicamente un sentimiento a la vez no implica que este sea siempre el mismo sino, simplemente, que sus cambios de sentimientos, en lugar de provenir de adentro provienen siempre de afuera. Las hadas pasan, pues, de un sentimiento a otro automáticamente todas las veces en que el estímulo que motiva al segundo es más grande que el que creó al primero.

Si la herida que te hizo el hada que te odia es mayor que lo que hiciste para que te odiara, el hada ahora que ve tu herida, ya no te odia: se ha llenado de pena. No quiero decir que las hadas sean más propensas a concebir maldades que nosotros, ni mucho menos. Digo simplemente que son más peligrosas. Los hombres, después de todo, somos más grandes y nos entran, por lo tanto, muchos sentimientos a la vez. De ahí que estemos siempre en conflicto: es el precio que pagamos por nuestro tamaño; salvo, claro, cuando somos psicópatas (en cuyo caso nos parecemos mucho a las hadas).

Las personas, aun cuando queremos dañar a alguien, ofrecemos siempre una oportunidad a nuestra eventual víctima: cabe, al lado de nuestro odio, una medida de piedad o de empatía, a la que puedan tocar unas palabras que nos recuerden a nosotros mismos; o de pura culpa, que pueda servir para detenernos. Con las hadas, en cambio, no sucede así. Lo que me lleva al consejo que motivó este discurrir. Si alguna vez se encuentra con un hada armada, cuya ira haya tenido la mala suerte de provocar, échese a correr de inmediato: ella no dudará en disparar.

Por: Fernando Berckemeyer O - El Comercio

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Inspiracion de LA at 7:32 p. m. | Link de La inspiracion |


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  • At 4:49 p. m., Blogger Juan Manuel

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